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  II Domingo de Cuaresma (20 de Marzo)
 
Domingo Segundo de Cuaresma
 
 
 
Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios
 
 
Lectura del libro del Génesis                                                                                 12, 1-4ª
 
El Señor dijo a Abrám:
“Deja tu tierra natal
y la casa de tu padre,
y ve al país que Yo te mostraré.
Yo haré de ti una gran nación
y te bendeciré ;
engrandeceré tu nombre y será una bendición.
 
Bendeciré a los que te bendigan
y maldeciré al que te maldiga,
y por ti se bendecirán
todos los pueblos de la tierra”.
Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado.
 
Palabra del Señor
 
Salmo Responsorial                                                                                                     32,4-5. 18-20. 22
 
R. Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.
 
La palabra del Señor es recta
y Él obra siempre con lealtad;
Él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.
 
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.
 
Nuestra alma espera en el Señor:
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Dios nos llama e ilumina.
 
Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo
A Timoteo                                                                                                                 1,8b-10
 
 
Querido hijo:
 
Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.
 
Porque Él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.
 
Palabra de Dios.
 
Evangelio
 
Su rostro resplandecía como el sol
 
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo                                                                                                    17, 1-9
 
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte de un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
 
Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí” Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
 
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”.
 
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”
 
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
 
Palabra de Dios.
 
 
   
 
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