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  Homilia 5º Dom. de Cuaresma
 

Homilia del Domingo 5º de Cuaresma Ciclo B 2015

      Padre Néstor Bonotto


Ya en la inminencia de la Pascua, Jesús se vale de la comparación con el grano de trigo que debe morir para dar fruto, para darnos ejemplo del sentido del sufrimiento, tanto físico como mental, el valor de esas “pequeñas muertes” a lo largo de la vida, especialmente cuando vemos que la realidad que nos toca vivir no es la que quisiéramos, cuantas veces podemos decir como nuestro señor ante la inminencia de su padecimiento: “mi alma está turbada”. La obediencia a la voluntad del Padre lo lleva a la muerte y de allí a la resurrección que da mucho fruto. Todos los que aquí estamos somos en cierto modo esos frutos, ningún padecimiento es unitario, todos los dolores son un solo e inmenso dolor fragmentado, toda la creación gime con dolores de parto. Es necesario al cristiano morir para sí mismo para poder darse a sí mismo, y este camino está fundado en la humildad, la mas importante y la mas difícil de las virtudes; nuestro señor nos dice: “ama a tu prójimo como a ti mismo” proyecta tu amor propio y conviértelo en buenas obras, es la autoestima entendida en función del servicio, que es la única forma de hacerla fecunda, y la única manera de dar sentido a nuestra vida, que es el primer paso para encontrar el sentido de la vida, resistiendo la tentación de la evasión. Esa angustia universal, el “ser o no ser”, existir o no existir, padecer o no padecer, que lleva las eternas preguntas: “¿Por qué tolerar entonces la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito, de los hombres mas indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios?”[i]. Todo este compendio de miserias humanas se rescata a través del sacrificio de la Cruz, cuando el príncipe de este mundo es arrojado fuera, y se inicia una nueva era, “cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mi” pero esa atracción no es mensurable, se vive desde otras referencias, desde otras formas de percepción, la paradoja es que para entrar en el misterio es necesario desembarazarse de toda avidez de misterio, en el camino de la fe, la incertidumbre y la duda son compañeras incómodas, pero necesarias, porque nos obligan a investigar. Precisamente pascua es paso; cada turbación, cada una de esas pequeñas muertes, son pasos, son enseñanzas que debemos meditar y atesorar, porque detrás está la mano conductora de Dios.         

 

 


[i] Hamlet, W. Shakespeare. Acto III escena IV.

 
   
 
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